...aquel rosal...



Siempre aparecían nuevas flores en su jardín, de vez en cuando salía fuera de casa para ver como se encontraban; no era un sitio propicio para aquel oasis verde en medio del desierto.
Aquella tarde había llovido y bastante. Caminaba por el jardín recordando aquellas veces y como golpe en la cabeza terminó por concluir que estaba en la misma situación de la vez anterior. Aquella lluvia, misteriosamente, había logrado aplastar una rosa para hacer surgir otra nueva; terminó por resistir a tormentas y calores que aquel desolado desierto emitía y, sin querer después de un tiempo, se convirtió en un rosal...ahí se detuvo su mirada. ¿cuánto tiempo había pasado ya de aquella vez que la abrazó y, sin darse cuenta terminó por herirse?.
Siguió caminando en dirección a su casa, la puerta destartalada denotaba años de ausencias y presencias y claro, el clima había logrado hacer lo suyo haciéndola desvencijada y vieja, tocó la manilla de la puerta y giró. Un leve "click" sonó seguido de aquellos tétricos ruidos en que la puerta parece quebrarse.

Ahí estaba, vieja como siempre...las maderas color café, la mesita cuadrada al lado de la ventana y el reloj cucú que lo saludó a penas fijó la mirada al interior. Lanzó un suspiro y el polvo le respondió, tocó cada una de las cosas con una sonrisa melancólica para terminar girándose hacia la ventana...un pequeño árbol de frutos que desconocía había crecido, con el entrecejo fruncido y rápidos pasos fué a hecharle un vistazo, lo miró unos segundos y tomó uno de los frutos.

delicioso - pensó - tomando, casi instintivamente otro y otro fruto.

Se pasó algunos días cuidando y regando al nuevo árbol de su jardín, a pesar de que solo le prestaba atención solo unos minutos al día, pero éste le devolvía los frutos que nunca esperó tuvieran aquel sabor.
Una tarde de ocaso, en que el sol se escondía bajo la arena, fué a tomar uno de aquellos...se acercó al pequeño árbol y mientras comía giró sus ojos, sin querer, hacia el rosal. Ahí estaba, igual que siempre, con sus rosas despidiendo al sol. Inmediatamente ese sabor se tornó en uno amargo y ya sin gracia, la melancolía recorrió su cuerpo de manera veloz...las estrellas ya habían llegado.
A la mañana siguiente miró por la ventana, y aunque intentó no mirar el rosal, igualmente sus ojos acabaron en aquellos pétalos rojo encendidos.
Abrió la puerta, la mañana era nublada y había nubes nuevamente, el viento tibio comenzaba a maenazar con otra lluvia, entonces tomó una de aquellas rosas y se la llavó cariñosamente a la nariz, su cabeza dió mil giros llegando súbitamente al pasado...se dió cuenta de que esta vez, la fragancia era más fuerte. Una gota cayó en el pétalo de la rosa, luego otra, hasta que se hicieron lluvia.
corrió rápidamente a la casa y, una vez adentro se dirigió a la ventana. Ya había vivido varias tormentas como esta...pero precisamente esta tenía algo distinto, los rayos no paraban de tronar y surcar los cielos, el viento con rabia remecía su jardín...y el rosal...
Solo fue cosa de segundos, una luz azulina terminó por caer en él incendiándolo completamente...casi en desesperación corrió hacia afuera para llegar al rosal...ya no quedaba nada.
El llanto en sus mejillas era más fuerte que aquella tormenta, las lágrimas calientes eran fría y rápidamente heladas por el viento, cayó de rodillas al suelo casi indulgentemente...acercó su mano a las cenizas de aquel rosal y justo en ese momento el viento trajo una piedra que golpeó su nuca cayendo inconsciente al suelo.
Abrió lentamente los ojos, el sol los golpeaba y también el calor a su piel...se incorporó lentamente recordando lo que había pasado e instintivamente miró el jardín. parecía estar todo en orden menos el rosal, entonces con sus propias manos arrancó de raíz el pequeño árbol, sus frutos siempre tuvieron un sabor amargo, porque el aroma del rosal siempre fué más fuerte llenando de fragancias el jardín.
Ya cansado se fué a dormir.

Siempre aparecian nuevas flores en su jardín, quizás muchas más que antes... de vez en cuando salía fuera de casa para ver como se encontraban; no era un sitio propicio para aquel oasis verde en medio del desierto.
Aquella tarde había llovido y bastante. Caminaba por el jardín recordando aquellas veces cuando el rosal existía y, de golpe, miró el lugar en donde había caido el rayo...una lágrima recorrió su mejilla...una pequeña rosa había crecido, tan roja como la anterior y el aroma igual de fuerte. La melancolía recorrió su cuerpo, en un instante corrió a su casa a buscar la regadera y ya de vuelta la llenó de agua.
El cielo se nubló...la lluvia comenzó a caer. Pero esta vez la iba a proteger, aunque un rayo le partiera la cabeza, y la lluvia lo terminara por ahogar. Sabía que estaba solo, sabía que el dolor aun seguía...pero prefería eso y perder la memoria de todo lo que sentía, antes que oler el aroma de otra flor.

Ahi estaba, sentado en la mesita cuadrada...mirando por la ventana.



1 comentario:

Sebastián dijo...

Gran entrada Manu!! una metafora increible digna de ser publicada... creo que entiendo bastante al leerla pero obiamente solo quien la creo puede entenderla a cabalidad..
un abrazo y estoy de vuelta!! xD

nos vemos!!!